A veces lo que te hace poderoso es algo pequeño y ordinario. Estados Unidos lo probó con un tornillo de 60 grados.
La historia comienza a principios de la década de 1920, cuando el mundo era un caos absoluto en términos de estándares, incluso en cosas que hoy nos sorprenderían.
Cada país tenía sus propias reglas, y en Estados Unidos el enredo era todavía mayor: pese a formar una sola nación, cada estado seguía sus propios criterios, al punto que, por ejemplo, un semáforo en verde en Nueva York indicaba «detente», y en Búfalo, la ciudad vecina, era justo lo contrario.
«Hoy, todos paramos en rojo y seguimos con verde. Es un estándar de una interminable lista de estándares que son tan estándar que ni siquiera lo consideramos un estándar», apunta Roman Mars, creador del exitoso pódcast 99% Invisible.
Quien arregló ese desorden fue Herbert Hoover, quien es recordado con amargura pues años más tarde sería el presidente que gobernó durante la Gran Depresión.
Pero, antes de eso, Hoover fue el secretario de Comercio y, como tal, la persona ideal para lidiar con el problema.
«Simplemente creía en los sistemas. Era un burócrata clásico antes de que ese término se manchara y empezara a significar alguien que no hace nada», explica Mars.
Convencido de que, con los sistemas adecuados y una buena organización de la producción, todos prosperarían, se propuso estandarizar toda clase de cosas: desde los adoquines hasta las copas y los vasos.
Estaba en pos de la eficiencia, clave para el buen funcionamiento de la economía, y esta empieza con los objetos que la sostienen.
Así, por ejemplo, si en lugar de tener 65 tamaños distintos de adoquines para pavimentar las calles solo había 11, reemplazar una pieza dañada era mucho más fácil.
Bastaba con acudir al almacén y elegir otra idéntica, porque siempre habría repuestos compatibles.
Sabanas de hospital, resortes de cama, forros de freno, neumáticos… todo pasó por su filtro estandarizador, incluso cosas que no pensarías que lo necesitan: se fijó hasta en cuántas horas debía resistir un vaso de vidrio con agua hirviendo para poder venderse como tal (6) y qué porcentaje de caucho nuevo debía llevar un neumático (70%).
«Llegar a acuerdos requirió largas discusiones y, a veces enfrentamientos, con reguladores y fabricantes, políticos y lobistas», resalta Mars.
«Pero quizás ningún caso fue tan desafiante o tan trascendental como la batalla por aquello que literalmente mantiene unido nuestro mundo: la rosca del tornillo»./BBC MUNDO
