Bolivia ya no podrá evitar la importación de gas natural, según el experto en energía Sergio Arnés, quien prevé que el país necesitará comprar ese combustible del exterior desde 2029 o antes, dependiendo de la caída de la producción y del crecimiento del consumo interno.
“De la importación de gas ya no nos salvamos”, afirmó en entrevista con el programa Dinero, del Grupo EL DEBER. Explicó que recuperar la producción requiere inversiones en exploración y desarrollo de nuevos campos, cuyos resultados tomarían varios años.
Ante ese escenario, planteó acelerar la instalación de plantas solares, eólicas y otras fuentes renovables para reducir la cantidad de gas que Bolivia necesitará importar y contener el impacto sobre las tarifas eléctricas.
El especialista situó la producción boliviana de gas en alrededor de 25 millones de metros cúbicos diarios, frente a un máximo de aproximadamente 65 millones registrado entre 2014 y 2015. De la producción actual, calculó que entre 10 millones y 12 millones de metros cúbicos diarios se destinan a la exportación y el resto al mercado interno.
Su previsión sobre las importaciones depende tanto de la caída de la oferta como del crecimiento de la demanda. Entre los factores que pueden acelerar ese proceso mencionó la conversión de vehículos a gas natural vehicular (GNV).
Inversión privada y contratos
Arnés consideró imprescindible incorporar capital privado a la generación renovable, ante las restricciones de recursos del Estado. Planteó aprobar una norma que facilite esos proyectos y establecer condiciones que permitan recuperar las inversiones.
Una de sus propuestas es realizar subastas de suministro: el sector eléctrico definiría cuánta energía necesita, de qué fuentes y para qué plazo, mientras las empresas competirían por ofrecerla a menor precio. Ese mecanismo, explicó, debe acompañarse de contratos de largo plazo que den certidumbre sobre los ingresos de los proyectos.
También señaló que los precios actuales limitan el interés por generar electricidad con biomasa. Según sus cálculos, esa generación recibe entre $us 30 y $us 35 por megavatio hora. Como referencia para atraer inversiones, mencionó un valor cercano a $us 60.
Citó a Guabirá, Unagro y Aguaí entre los ingenios que generan electricidad con bagazo de caña y entregan energía a la red. A su juicio, otros ingenios podrían ampliar esa participación si mejoran las condiciones económicas.
Los plazos para ampliar la oferta
El experto estimó que una planta solar de gran escala puede entrar en funcionamiento aproximadamente un año y medio después de tomada la decisión de inversión. Para los proyectos eólicos calculó entre dos y dos años y medio; para los hidroeléctricos, al menos entre tres y cuatro años.
Esos plazos, sostuvo, obligan a actuar antes de que la producción nacional resulte insuficiente para cubrir el consumo.
En los hogares, señaló que los paneles solares pueden reducir la compra de electricidad a la red. Estimó periodos de recuperación de la inversión inferiores a cinco años, aunque ese cálculo requiere una evaluación de cada instalación. Para las industrias, explicó, el ahorro es más complejo porque su factura incluye tanto la energía consumida como la potencia demandada.
Sobre el cambio en la fórmula de ajuste de los precios eléctricos, Arnés consideró adecuado utilizar un promedio del dólar en lugar de la cotización de una fecha específica. Explicó que el sector depende de equipos, repuestos y servicios importados, por lo que las variaciones cambiarias inciden en sus costos.
En cuanto al GLP, advirtió que una eventual necesidad de importación aumentaría la presión sobre el precio interno. Sin embargo, no presentó una fecha ni una estimación del posible ajuste./EL DEBER
