El capital riesgo y las inversiones reactivan las economías que sufrieron el parón tras la Gran Recesión

La remontada de los países emergentes

02/25/2018 - 09:45
El País

La anécdota, recuperada por los técnicos de la aseguradora francesa AXA con motivo del 30 aniversario del principal índice bursátil del mundo emergente, el MSCI, ilustra el cambio de paradigma respecto a estas naciones en menos de cuatro décadas. La primera transformación evidente ha sido la composición del propio índice: a principios de los ochenta, Portugal y Grecia, hoy miembros de la zona euro, recibían esa etiqueta y quedaban encuadrados en el mismo saco que economías mucho más rezagadas como las de India o Indonesia. El segundo, el tamaño: en la actualidad los emergentes suman el 60% del PIB mundial, 20 puntos más que hace dos décadas, y reclaman su lugar en los principales foros de toma de decisión del planeta. El 80% del crecimiento de la economía mundial depende de lo que haga este ramillete de países, más del doble que a finales de la década de los noventa, y mucho tendrían que cambiar las cosas para que en 30 años seis de las siete mayores economías del globo no sean emergentes, según la consultora PwC. De entre las potencias tradicionales Estados Unidos es la única que aguanta el tipo frente al empuje de estas naciones.

Tras la fuerte salida de capitales de muchos de los mercados en 2013 y el amago de crisis de la Bolsa en China en agosto de 2015, que levantó todo tipo de suspicacias sobre la salud de la segunda mayor economía mundial —pieza clave en el engranaje en los nuevos actores—, y la severa crisis brasileña, estos países han regresado a la escena con fuerzas renovadas. Tres motivos explican este retorno por la puerta grande: el mayor impulso económico del mundo desarrollado, el tirón de la demanda interna en sus propios países a medida que las clases medias crecen y la recuperación del precio de las materias primas, que en última instancia ha permitido la salida de la recesión de Rusia y Brasil, asegura Alejandro Werner, director del departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI). También han influido positivamente, añade Juan Ignacio Crespo, autor de Las dos próximas recesiones (Deusto), la acumulación de moneda extranjera en el periodo de vacas gordas y la reciente debilidad del dólar. “Excepto para Brasil, los últimos años han sido buenos en todos estos países, en gran medida por la cantidad de divisas que acumularon entre 2000 y 2008 [cuando estalló la Gran Recesión], un buen momento para las materias primas”.

Paradójicamente, 2017, un año marcado por el descontento social a lo largo y ancho del mundo —sobre todo en Occidente—, con los salarios estancados y la desigualdad nacional al alza, el mundo disfrutó de su primer año de crecimiento sólido y acompasado en todos los rincones del planeta. La crisis de deuda de la Unión Europea quedó bastante atrás y Estados Unidos va camino de encadenar su ciclo de crecimiento más largo de su historia: en marzo serán 105 meses de expansión ininterrumpida y si la tendencia continúa en poco más de un año superará el récord cosechado entre 1991 y 2001.

 
Pese al susto bursátil de hace dos semanas en todo el mundo, que ha provocado a su vez un bache en la entrada de capitales en los mercados emergentes, y la mencionada madurez del ciclo en EE UU, que empieza a rondar en la cabeza de muchos analistas, 2018 empieza más o menos como terminó el ejercicio anterior: con todos los motores económicos del mundo activos, en buena forma y retroalimentándose entre sí. Buenas noticias para los emergentes.

El PIB mundial crecerá este año casi un 4%, según las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), y entre 2018 y 2020 la expansión global debería estar más cerca del 4% que del 3%. Los riesgos —el regreso de las retóricas proteccionistas, la beligerancia de Donald Trump en su política exterior y el regreso de la inflación en EE UU y, en consonancia, el fin del dinero barato como referencia a seguir para los bancos centrales— continúan ahí y convendría no obviarlos. “Pero el escenario central sigue siendo el de una recuperación sincronizada de las economías desarrolladas y emergentes con una convergencia a sus niveles de crecimiento potencial”, subraya Ángel Melguizo, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

 La remontada de los países emergentes
En el caso de las economías avanzadas, el repunte este año será del 2,3%. “EE UU, Europa y Japón han tenido un 2017 excelente y se espera que esta tendencia continúe. Y ese es un determinante principal de la buena marcha del mundo emergente”, subraya Alicia García Herrero, economista jefe para Asia del banco de inversión francés Natixis. En este contexto, el bloque de países emergentes y en desarrollo, como los cataloga el FMI, rozará en 2018 el 5% de crecimiento con los países asiáticos al frente. Si a su principal cliente, Occidente, le va bien, a ellos también les va bien. Con una ventaja adicional: a diferencia de los países ricos, los emergentes están en una etapa inicial de su ciclo, subraya Stéphanie de Torquat, estratega de Lombard Odier, en un reciente análisis.

El bloque de países en desarrollo no está exento de incertidumbre, pero sus Gobiernos parecen haber tomado el camino correcto en sus políticas. Al contrario de lo que sucedía en el anterior ciclo alcista de la economía mundial, que terminó abruptamente el 15 de septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, en los últimos años muchos emergentes han tratado de reducir su dependencia de Occidente. En ese cambio, y también en su buen momento actual, desempeña un papel esencial la creciente demanda interna “en línea con el fuerte aumento de las clases medias, algo especialmente cierto en Asia”, subraya desde García Herrero, que también es investigadora del think tank Bruegel.