Una vez más, el deporte fue la tregua hacia la paz. Paratletas de ambos países se distendieron, bromearon y crearon un lazo de amistad. En el Mundial de 1998 hubo precedentes.

Iraní y estadounidenses posan juntas y vencen los prejuicios

03/17/2018 - 07:30
Opinión

Los Juegos Paralímpicos de PyeongChang dejaron ayer una de las imágenes más simbólicas de los valores que representa el deporte con la fotografía que se hicieron la iraní Sedighez Rouzbeh y cuatro riders estadounidenses en una instantánea muy alejada de la que ofrecen sus gobiernos.

Las tensas relaciones políticas y diplomáticas que existen entre los máximos dirigentes de Estados Unidos e Irán son, en ocasiones, ajenas por completo al mundo del deporte y a la vida que, en el día a día, se desarrolla entre ciudadanos de ambos países en cualquier parte del mundo.

La iraní Sedighez Rouzbeh, que finalizó última en la prueba de snowboard eslalon en los Paralímpicos de PyeongChang, salió sonriendo de la zona de competición.

Allí se encontró con cuatro de las cinco representantes del equipo paralímpico estadounidense, entre ellas, Brittani Coury y Arlene Cohen, sus rivales en la misma prueba de su categoría.

Las cinco deportistas estuvieron charlando de manera distendida y, antes de despedirse, se tomaron varias fotos con una sonrisa en la cara ante la cámara de un representante de la delegación iraní.

El deporte dejó en 1998 otra imagen para la historia entre Estados Unidos e Irán. Ese año, en el Mundial de Francia, los jugadores iraníes entregaron ramos de rosas a sus rivales norteamericanos.